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domingo, 30 de marzo de 2014

Cómo elaborar la cola animal (cola de conejo o cola caliente)

Hace miles de años, los carpinteros egipcios ya conocían la manera de cocer el pellejo y las vísceras de algunos animales (el pellejo, las pieles, las partes cartilaginosas), elaborando así un pegamento que resultaba ideal para la fabricación de muebles. De hecho, la cola animal es un adhesivo tan bueno, que hoy día sigue siendo el preferido de los constructores de violines.

Tal predilección se debe a que la cola animal puede licuarse a voluntad, labor necesaria en la limpieza y reparación de los instrumentos. Esa misma virtud la hace idónea en muchos trabajos de restauración. Para los aficionados al bricolaje, la cola animal ofrece el aliciente de una elaboración artesanal, con todo el encanto de las técnicas antiguas.

Para conseguir una cola aún más fuerte (osteocola) se deben añadir al hervido también los huesos con su tuétano.
Una propiedad que hace muy interesante la cola de conejo es que es reversible y se puede invertir el proceso de uso aplicando calor y/o humedad, consiguiendo despegar piezas ya encoladas o re-tensar bastidores de tela que han perdido su tensión original. Esto hace que los luthiers lo usen con frecuencia para poder desmontar una y otra vez las tapas de las cajas de resonancia de sus instrumentos de cuerda, para poder así repararlos o ajustarlos.

Pero a nosotros lo que nos interesa es su aplicación práctica en el mundo de la pintura y para empezar hay que decir que la cola de conejo se encuentra a la venta en dos formatos:
  • en grano y
  • en pastillas o placas.
En ambos casos el producto se presenta deshidratado por lo que es necesario volver a hidratarlo.

Cola animal en Placa

Hemos comprado cola de conejo presentada en placas. Para utilizarla debemos previamente trocearla, humedecerla y después fundirla mezclada con agua.



La placa, ambarina y traslúcida, parece frágil, pero su dureza es asombrosa: para romperla en pedazos hemos tenido que darle martillazos tan recios como para abollar una puerta de hierro.



Antes de la fusión al baño María, los trozos o escamas de cola deben sumergirse en agua un tiempo (re-hidratación). Mientras mayor sea la molturación, menos tiempo necesitará la sustancia para reblandecerse.


La presentación en escamas hace que la materia se humedezca rápidamente y de forma homogénea, y también abrevia el tiempo necesario para fundirla. Dado que nosotros la hemos adquirido en placas, los trozos tienen tamaño diverso, y en conjunto son más grandes de lo adecuado, por ello la inmersión durará varias horas. La cantidad de agua para la cocción al baño María es más o menos igual en volumen a los trozos de cola, la práctica nos enseñará a darle el punto apropiado.



Llevamos la cola a la mesa de trabajo con el cazo de agua caliente. De esa manera alargamos el tiempo de aplicación: la cola animal sólo puede utilizarse mientras tenga la viscosidad apropiada. Hemos puesto el cazo sobre un taco de madera, para que no se queme el plástico protector.



La cola de conejo tiene más viscosidad que la cola polivinílica, por lo que gotea mucho menos al extenderla. Es cómodo utilizar un pincel para aplicarla. Con la prevención de llevarla en el cazo, hemos conseguido extender el tiempo de uso hasta unos 40 minutos. Recomendamos hacer la cantidad justa de cola, ya que el sobrante debe desecharse.

Otra ventaja de los pegamentos naturales: los goterones que han rezumado de las uniones se retiran con gran facilidad.



Cola animal en Granos (Pellets)



Pondremos en remojo una proporción de entre 50 y 70 gramos de cola de conejo por litro de agua.



Hay que tener en cuenta al elegir el recipiente que la cola de conejo ocupa el doble de espacio una vez rehidratada.

Obviamente variar la proporción conlleva el aumento o disminución de las propiedades de la cola, pero lo que quizás no sepáis es que también conlleva que el producto sea más propenso a agrietarse y levantarse. La proporción aquí ofrecida es la mejor optimizada para nuestros propósitos.



Para diluir completamente los granos de cola de conejo puestos en remojo, los calentaremos al baño maría removiéndolos continuamente, lo que les proporcionará su máximo potencial de pegajosidad y, lo que es más importante para nuestro objetivo pictórico, les dará su capacidad límite de elasticidad para tensar los lienzos.

Esta parte del proceso es fundamental para conseguir la tensión adecuada.

Debemos mantener la temperatura del agua entre los 60 y los 70 grados centígrados sin llegar a cocer la cola. Si el agua llegase a hervir, la cola perderá gran parte de sus propiedades de elasticidad y adherencia.


A partir de aquí la cola de conejo está lista para recibir material de carga o pigmento para imprimar nuestro bastidor todavía en caliente (en este caso he usado un pigmento oscuro para que se note la diferencia).

Una vez enfriada, la cola quedará gelatinosa, y a medida que se seque irá tensando el bastidor.

Considerando que trabajar con cola de conejo significa trabajar con material orgánico, es aconsejable añadir a la emulsión unas gotas de ácido acético, vinagre, amoniaco o zumo de limón para desinfectar y evitar posibles futuras manchas de hongos.




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