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jueves, 18 de septiembre de 2014

El ENTELADO: los inicios

Piezas añadidas originalmente por el pintor en diversas etapas

No es nada nuevo saber que los pintores desde antiguo se dedicaron a restaurar, más bien aderezar, si utilizamos el término que usaban en el siglo XVII. Estos pintores y sobretodo los llamados pintores reales, intervenían en las obras de arte de otros maestros cuando estas estaban en mal estado. Como ejemplo tenemos muchos, y por indicarles uno, el que realizó el pintor Vicente Carducho que el 21 de diciembre de 1621 es pagado: "por aderezar una pintura al fresco que estava mal parada en la alcoba donde SM cena que es la historia de yncendio de Troya y esta sobre la chimenea" y que más tarde en el año 1625 agrandó tres telas de Tiziano. Se conocen otros casos como los que realizó el pintor Bartolomé González en los retratos ecuestres de Felipe III y Margarita de Austria, o el mismo Velázquez en la Inmaculada de Rubens que actualmente está en el museo del Prado. Estos casos casi siempre estaban unidos a un problema de tipo estético, como el formar parejas de cuadros del mismo tamaño o reutilizar los marcos, ya que la operación de agrandar y posteriormente entelar es más barata que sustituirlo. La construcción de los marcos a medida que avanza el barroco se emparejan en estilo con las molduras de los retablos. Son esculpidos con formas lobuladas, vegetales y acabados con dorados pulidos que encarecen aún más el producto.
La cuestión del entelado de obras de arte ha generado numerosas críticas, entre ellas las que han estado en contra de los reformadores de imágenes en las obras de arte, sobre todo a raíz de la divulgación de los escritos de Vasari y que en España encontrará numerosos seguidores que deseaban respetar las obras de arte de sus maestros. Pero la operación de entelado se realizará por dos causas: una por la ampliación de las imágenes de las obras de arte y otra por el mal estado de las capas pictóricas o del soporte.
En definitiva la operación de entelado consiste en colocar un refuerzo de tela en el reverso del soporte original. En el fondo es por la misma causa que se colocaba la obra adherida a un tablero de madera: la búsqueda de rigidez, consistencia y conservación del soporte original. Las primeras operaciones de esta clase las encontramos en Egipto con un sistema que consiste en la adhesión con cola o cera de una pintura sobre soporte de lino a una tabla, para dar a aquella, como hemos descrito, la rigidez necesaria y la protección del reverso. Este tipo de intervención tiene el mismo fin que en la actualidad el entelado. Es a medida que avanza el tiempo se sustiye el reverso de madera por una tela de lino y en países americanos el algodón. Existe muchos métodos para realizar esta operación, pero es la experiencia la que va desechando unos y acogiendo otros, como aquellos que se hacían en la segunda mitad del siglo XVII cuando se restaura La Venere de Ticiano en el Museo del Prado, que es entelada con un sistema llamado a la arena, que es la colocación de planchas con arena caliente o cenizas para el alisado de las pinturas y que la historiadora Merrifield recuerda:
Para entelar, el color se protege con un papel acartonado adherido con cola de Flandes, engrudo y hiel de buey, para eliminar las ampollas de aire y fijar la pintura no se hacía con plancha de calor, sino con arena caliente que se vertía sobre el reverso de la pintura, comenzando desde el centro, hasta llegar a un cierto nivel, dejando toda la pintura bajo el mismo calor y la misma presión.

Planchado de la capa pictórica en un entelado
Este método será abandonado mucho más tarde por los restauradores franceses hacia la mitad del siglo XVIII, porque esta clase de operación no solucionaba el problema e incluso deterioraba mucho más por la falta de control en la superficie pictórica.
Es conocido como el pintor Carlo Maratta en 1672, ante la situación de ciertas obras mal conservadas, llama la atención sobre ciertos conceptos que algunas Academias europeas tienen por la recuperación tradicionalista y los principios por las reconstrucciones racionales en las obras de arte (repintes), realizando entelados como La Natividad de la Virgen de Anibal Carracci, muy deteriorada por el ataque de murciélagos que agujerean las telas. Colocando en su reverso después del entelado un cubrimiento de tablas de madera, muy común en Italia y España y que podemos ver en la pintura de El Greco El Entierro del Conde de Orgaz.
Aunque las primeras referencias fehacientes de entelados a la manera clásica se han encontrado en el inventario de tablas del Rey de Francia, redactado por Bailly en 1698, en donde se encuentran un número bastante considerable de obras enteladas.
Mientras en España esta clase de entelados, y que esten documentados, son los que hizo el pintor de Cámara Juan García de Miranda a raíz del incendio del Alcázar de Madrid. Mucho más tarde, en el año 1778, la Academia de San Fernando estaba interviniendo con entelados a la francesa que fueron dirigidos por el pintor Andrés de la Calleja, realizando entre otros el Conde Duque de Olivares de Velázquez, siendo ayudado por Félix del Cerro. Existieron otros enteladores famosos como Nicolás Lameyra y Jacinto Gómez, este último llevó el peso de muchos de los más famosos entelados del Museo del Prado que hoy persisten, como el Emperador Carlos V de Tiziano o Las Hilanderas de Velázquez, casi todas ellas efectuadas desde 1780 a 1795. En la ocupación francesa Vicente Poleró y Manuel Nicoli en el entramado de traslados y restauraciones de cuadros para el nuevo museo que posteriormente sería el Museo Nacional. En 1851 había otros expertos enteladores, como Antonio Trillo que realizó el San Mauricio de El Greco o en 1874, el San José de Velázquez de El Escorial por Francisco Vicente.



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