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domingo, 30 de agosto de 2015

La iluminación de obras de arte


Nota de Carlo Lazslo

Muy a menudo encontramos que las salas de exposición de los museos son iluminadas excesivamente, con niveles de iluminación poco recomendables. Naturalmente que en este caso nos estamos refiriendo a la exhibición de obras pictóricas. También es frecuente escuchar opiniones diversas y muchas veces encontradas sobre la manera en que deben ser iluminadas estas salas.

En esta nota, trataremos de echar algo de LUZ" sobre este tema tan conflictivo.

Partamos de la base de que la iluminación de obras pictóricas está regida exclusivamente por una premisa: SU CONSERVACION. Todo lo demás es secundario y en todo caso, sea cual fuere la técnica que se utilice, estará relacionado y dependerá absolutamente de aquella premisa.

No es ninguna novedad que una obra pictórica se degrada con el tiempo; este tiempo podrá ser mayor o menor según las características orgánicas que la constituyen, los agentes a los se encuentre expuesta y fundamentalmente al cuidado que se le brinde.

Las variables son casi infinitas en este sentido; una obra puede ser pintada al óleo, a la acuarela, puede ser a lápiz y muchas otras técnicas que no viene al caso enumerar. Además, cada una de estas variables contempla otra enorme cantidad de posibilidades que constituyen los materiales que ha utilizado el artista. Dependiendo de la época en que fue realizada la obra y los medios económicos del artista, estos materiales son de mayor o menor calidad, y por consiguiente serán más o menos resistentes al deterioro. Si en nuestros días, con toda la tecnología moderna en cuanto a su manufactura, una hoja de papel o un periódico que hemos guardamos se tornan amarillentos al cabo de 3 o 4 años, que podemos decir o esperar de los materiales de hace 3 siglos atrás!.

Los expertos pueden determinar con bastante precisión estas características y las posibilidades de supervivencia de cada obra en el tiempo. Una vez determinadas, el curador del museo será el responsable de la preservación de cada una de las obras que se encuentra bajo su tutela.

Volviendo a nuestro tema que es la iluminación, digamos que la luz es uno de los factores que más contribuyen a la degradación de las obras pictóricas.

La luz podrá afectar en mayor o menor grado a una pintura o dibujo dependiendo fundamentalmente de sus características espectrales. Así digamos que los componentes más dañinos de la luz son: la radiación infrarroja, (calor) la radiación ultravioleta UV-C y UV-B (100 a 280 nm y 280 a 315 nm respectivamente) y aún las longitudes de onda correspondientes al color violeta, al azul y parte de la banda verde, (entre 400 y 500 nm aprox.) causando cambios fotoquímicos.

Citemos dos ejemplos de fuentes de luz muy utilizadas en la iluminación de museos; las incandescentes y las fluorescentes. Las lámparas incandescentes, convierten la energía eléctrica en: tan solo 7% de luz visible, 93% de radiación infrarroja (calor) y 0.1% en radiación ultravioleta.

Por su parte las fluorescente lo hacen el las siguientes proporciones: 20% en luz visible, 75% en radiación infrarroja (calor) y entre 1 y 5% en radiación ultravioleta.

Concretamente, para evitar o minimizar los procesos fotoquímicos, la luz debe contener poca o ninguna emisión por debajo de las longitudes de onda de 400 nm (es decir, fuera del espectro visible en el extremo de las ondas cortas). Para ayudar a que esto suceda, hará que filtrar" la radiación ultravioleta, es decir, anteponer una barrera que evite o disminuya su paso. En este sentido, se puede considerar que un vidrio común, con un espesor de 3 mm o más, podría resultar bastante efectivo para casos de poca radicación UV. (ej: para una lámpara incandescente halógena de baja tensión) Para casos de fuentes con mayor emisión UV, (ej: lámparas a descarga) habrá que utilizar filtros UV debidamente calibrados.

Habíamos visto algunos de los principales causantes de degradación en una obra de arte pictórica contenidos en las fuentes de luz utilizadas para la iluminación artificial. Ya que se menciona la luz artificial, será bueno recordar que la luz natural es muchísimo más dañina que cualquiera de las fuentes de luz artificial. Las proporciones aproximadas son: 20 veces más dañina que una lámpara incandescente y 10 veces más que una fluorescente.

Veamos en esta segunda parte, de que otra forma se DEBE preservar una obra de arte pictórica. Habida cuenta de que la luz artificial es casi imprescindible en un museo para la apreciación de una pintura y sabiendo ya lo nociva que esta puede ser, es casi intuitivo pensar que una forma sería limitar el tiempo de iluminación que recibe la obra.

Esto que parece extraño y poco realizable, no lo es tanto y de hecho se practica en la gran mayoría de las salas de arte del mundo.

Dijimos en la nota anterior que los expertos pueden determinar con gran precisión las posibilidades de supervivencia de una determinada obra a partir de las características de los materiales utilizados en su realización. De la misma manera, ellos pueden determinar cuantos LUX" podrá resistir dicha obra hasta que llegue el momento de retirarla definitivamente de la exhibición pública.

Tratemos de entender un poco el concepto de LUX/HORA, una forma de medir la exposición de un objeto a la luz..

Ante todo, se deberá recordar que LUX es la unidad de ILUMINACIÓN o ILUMINANCIA, que es el nivel de iluminación medido sobre una determinada superficie, en este caso vertical.

En principio, el experto determinará con que cantidad de LUX de iluminación recibidos, una pintura puede llegar a un deterioro límite. Por ejemplo, hay obras que llegan a este límite luego de ser expuestas a 90.000.000 de lux! Aquí el lector se preguntará, quien va a iluminar una obra de arte con semejante nivel de iluminación! Obviamente que nadie...de una sola vez, pero sí a lo largo del tiempo. Por ejemplo: un cuadro realizado con materiales de aceptable calidad podrá resistir esos 90.000.000 de lux durante una hora (LUX/HORA); pero si esa obra es exhibida durante 8 horas diarias e iluminada con solo 500 lux, (iluminación normal de una oficina) las perspectivas de supervivencia de nuestro ejemplar serán: 90.000.000 / 500 / 8 = 22.500 días / 365 días del año = ~ 62 años!

Esto significa que al cabo de 62 años la obra deberá ser retirada de la exhibición, lo cual es una triste perspectiva para nuestra cultura y la de nuestros sucesores!.

Quedaría más claro ahora el concepto de LUX/HORA.

Ahora bien, como esto fue solo un ejemplo con una alternativa exagerada, (por el nivel de iluminación adoptado) veamos cuan simple es extender en el tiempo la vida de esa obra utilizando los lux/hora.

Si en lugar de 500 lux iluminamos esa obra con 150 lux, - nivel de iluminación vertical más que suficiente para apreciar una pintura - la misma podría llegar a sobrevivir: 90.000.000 / 150 / 8 / 365 = 205 años! ...Obviamente, las perspectivas de preservación son más optimistas! En general, las obras no se exhiben todos los días del año, con lo cual su vida útil se prolonga cosiderablemente.

De todos modos, también habrá que decir que, si bien el ejemplo de 90.000.000 lux no es de máxima, tampoco lo es de mínima; hay obras que con 150.000 lux pueden llegara sufrir serio deterioro, sobre todo en materia de saturación de los colores.

Una tabla general aceptable de los lux/hora para obras expuestas a razón de 8 horas diarias sería:

Tapices, telas en general., dibujos a lápiz, carbonilla, etc.50 lux
Acuarelas, aguadas, materiales sensibles en general150 lux
Oleos, pinturas sintéticas sobre cueros, etc200 a 250 lux

Estos valores son tan solo una guía de aplicación para un termino medio de las obras de arte; el curador del museo o galería de arte es quién sabe con exactitud los niveles de iluminación más adecuados para cada una de las obras en exposición. También es el responsable, entre otras cosas, de la conservación de las obras en este sentido. En la gran mayoría de los museos y galerías de arte, cada obra cuenta con su libro", en el cual el curador registra diariamente todo lo acontecido a esa pieza en particular, entre lo que se cuenta las horas que tuvo de exposición a la luz artificial y el nivel de iluminación registrado.

Es fácil comprender ahora el porque de la prohibición del uso del flash" en los museos; la intensa luz de este iluminador acabaría muy pronto con una obra de arte. 

Hemos recorrido brevemente los aspectos conservacionistas en la iluminación de obras de arte. Veamos en esta última parte algunos conceptos acerca a las diversas formas de iluminar una galería de arte.

Respetando los parámetros ya discutidos en materia de preservación, se podría decir que, salvo algunos pequeños detalles referidos a la correcta percepción de una pintura, las técnicas de iluminación de una galería no difiere demasiado de la de una iluminación residencial.

Recordemos nuevamente, los aspectos más destacados a tener en cuenta.
  • El nivel de iluminación, dependiendo de las características orgánicas del material a iluminar. -El tiempo de exposición a la luz, si es que la obra se encuentra ya comprometida en su tiempo límite de exposición.
  • La fuente de luz utilizada, contemplando fundamentalmente su emisión ultravioleta, ya que como se ha visto, prácticamente todas las fuentes aptas para este tipo de iluminación emiten algo de radiación UV (solo quedarían fuera de esta nómina las incandescentes convencionales, que por razones obvias quedan excluidas de la conversación).
Veamos ahora cuales son esos detalles a tener en cuenta con respecto a la percepción de una pintura.

En realidad, el más destacable de ellos es el que se refiere a algunas preferencias por la iluminación uniforme. En el caso de iluminar una galería de manera muy uniforme, se deberá cuidar que esta no sea demasiado difusa, ya que este tipo de iluminación tiende a quitar" saturación a los colores, especialmente tratándose de pinturas barnizadas.

En general, se dice que es deseable que las pinturas y esculturas en una galería de arte sean los objetos más brillantes dentro del campo visual.

En este punto será bueno detenerse por un momento en el tema del acento". Es muy común que una obra pictórica e incluso un tapiz sean destacados de su fondo por medio de iluminación de acento, generalmente proporcionada por fuentes puntuales ubicadas en el cielorraso. Esta manera de iluminar una obra es por demás interesante, ya que actúa como un atractivo especial que psicológicamente induce a visitar ese cuadro y que además hace que el observador pueda concentrarse aún más en su observación, ya que configura una suerte de marco" virtual al recortar dicha obra sobre su fondo por la diferencia de luminancia. (sensación de brillo)

Este efecto es muy agradable, le da vida a la galería y de hecho es uno de los sistemas más utilizados en general, pero habrá que poner sumo cuidado en su ejecución. Se deberá recordar que la pintura en cuestión, si por ejemplo es una acuarela, no deberá superar los 150 Lux/hora de iluminancia vertical en total; es decir que, entre el acento" de nuestra fuente puntual más los lux" proporcionados por la iluminación general, se deberá llegar a ese" nivel y no más! Esto viene a cuento de las frecuentes disquisiciones sobre que factor de acento es el más adecuado para una pintura"? 2 : 1; 5 : 1?. La respuesta es que: será el que resulte de la diferencia de luminancias entre la obra ya acentuada al nivel adecuado y el fondo de la misma. Esto significa que no hay una regla fija para establecer factores de acento sobre obras de arte.

Tomemos por caso 2 ejemplos; una acuarela en una galería iluminada con 200 lux horizontales ( a 0.8 m del piso) y otra con 350 lux, siempre hablando de iluminación general ambiente de tipo directa envolvente", es decir, que ilumine uniformemente las paredes, las que serán de color blanco.

En el primer caso, para un nivel medio de 200 lux se podrá suponer que la pared tenga una iluminancia vertical de unos 50 lux, es decir, que el factor de acento para este ejemplo sería: 150 / 50 = 3, o sea, 3 : 1 (factor de acento)

Para el segundo caso, considerando que el nivel horizontal es de 350 lux, admitamos que la pared tiene una iluminancia de unos 85 lux, por lo tanto el factor de acento será de 150 / 85 = 1,75 : 1.

Como puede observarse, no es posible partir de un factor de acento pre-determinado, ya que este depende de varios factores, entre ellos, la iluminación de las paredes o paneles de exhibición.

Si quisiéramos ser un poco más técnicos, deberíamos agregar que todo esto es bastante relativo, ya que nos estamos refiriendo únicamente a iluminancia y no estamos teniendo en cuenta la luminancia", que es en realidad lo que el ojo ve". Analicemos nuevamente 2 ejemplos: una pintura íntegramente realizada con colores oscuro y otra con colores muy claros. La oscura podrá tener un factor de reflexión de tal vez 15%, mientras que la de colores claros lo tendrá de 70%. Admitiendo que ambos cuadros son acuarelas y por consiguiente la iluminancia total sobre ellas es de 150 lux, las respectivas luminancias serían de 7 cd/m² para la más oscura y 33 cd/m² para la de colores claros. Como vemos, hay una gran diferencia para el ojo humano en la percepción de una y otra obra, sobre todo si consideramos que la pared blanca tendrá una luminancia de 22 cd/m²! Esto nos dice que en el primer caso, la pared tendrá mayor brillo" que la obra expuesta sobre ella, aún cuando su iluminancia es menor que la del cuadro. (85 lux vs. 150 lux)

Estos ejemplos nos sugieren que tal vez no sería conveniente mezclar pinturas oscuras y claras en la misma pared o muy próximas entre sí para evitar un excesivo trabajo de adaptación" del ojo.

Por último, se impone un párrafo sobre la calidad de la luz. Es casi redundante mencionar que, para iluminar una galería de arte la reproducción cromática de la fuente de luz debe ser óptima. Afortunadamente, todas las lámparas factibles de utilizar en la iluminación de una obra de arte poseen muy buena reproducción de los colores. No obstante, lo que sí es importante analizar es la tendencia cromática de las distintas fuentes. A igualdad de temperatura de color, (Ej. 4000 K) una lámpara fluorescente trifósforo de lujo color 940 posee un espectro más plano" que una a vapor de mercurio halogenado color 840. Esto quiere decir que la primera reproduce mejor todos los colores del espectro que la segunda.

Las lámparas incandescentes, si bien tienen un espectro continuo, (contienen todos los colores del espectro) poseen un predominante contenido de rojo contra casi nada de azul. Esto significa que, bajo la iluminación de una lámpara incandescente, los colores cálidos se verán mucho más brillantes y vivos que los fríos.