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lunes, 20 de junio de 2016

Encaustica

Retrato de un joven realizado en
encáustica (38x22cm) del siglo II d.C.
Encáustica, palabra, que proviene del griego, tiene como raíz la voz quemar (kaíō). Pese a su nombre no se trata de usar antorchas, mecheros ni algo similar para pintar. Se llama así por el hecho de que en esta técnica el aglutinante es la cera y para trabajar con ella hay que calentarla hasta que adquiera la fluidez necesaria. Esta técnica fue muy empleada en la antigüedad y, pese a que pueda parecer un medio relativamente poco duradero, lo cierto es que obras con siglos de vida han llegado hasta nuestros días, siendo las más representativas las máscaras mortuorias de El Fayum. Pintadas en el Egipto grecorromano se empleaban para realizar retratos del difunto, una tradición que bebe directamente de los rituales de momificación de época.
Durante la Edad Media el uso de la cera como aglutinante fue muy minoritario e incluso en el Renacimiento, pese a ser empleada por algunos artistas (el mismo Leonardo intentó usarla aparentemente sin éxito en la batalla de Angheri), nunca llegó a popularizarse. De hecho, no fue hasta el siglo XX, con la llegada de las nuevas vanguardias, que ciertos artistas hicieron uso de la encáustica.
La cera más empleada en esta técnica es la de la abeja. Este material, que todos conocemos por las velas tradicionales, tiene una compleja composición química que consiste en compuestos orgánicos saturados de alto peso molecular (ésteres, alcoholes y ácidos principalmente) que le dan a la cera su particular textura. Estos compuestos son blanquecinos y es la presencia de polen y propóleo lo que otorga a la cera natural el color amarillento al que la asociamos. El proceso de elaboración de la encáustica incluye quitar estas “contaminaciones” para luego añadir los pigmentos deseados y en muchas ocasiones resinas, aceites o disolventes. Obviamente la cera no se puede aplicar a temperatura ambiente (funde a unos 65 ºC) por lo que hay que calentarla y emplear instrumentos especiales, lo que complica su empleo. También hay un modo de trabajar con cera en frío mezclándola con agua y usando jabón como emulsionante (ya veis que estos compuestos aparecen una y otra vez). De hecho, esta podría ser la técnica empleada en la antigüedad por los romanos y cuyo redescubrimiento se lo debemos al pintor José Cuní.
La tradicional cera de abeja es todavía la más usada en el mundo artístico, pero también hay alternativas naturales vegetales como la cera de carnauba que se obtiene de una palmera sudamericana o sintéticas como la parafina o la cera microcristalina obtenidas del petróleo.


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