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domingo, 26 de junio de 2016

La imprimatura

En contra de lo que mucha gente suele pensar, al realizar una pintura no se suele trabajar directamente sobre el soporte. Por ejemplo, si compramos un lienzo no empezaremos a dar brochazos sobre éste antes de prepararlo adecuadamente. Si bien es cierto que hay artistas para los que pintar directamente sobre el soporte es una forma de trabajo, lo más habitual es adecuar la tela para que no absorba la pintura que se le añade. Esta preparación consiste en añadir varias capas de una sustancia que sirva como “barrera” entre el soporte y la capa pictórica. Esta capa se conoce como imprimatura, vocablo proveniente del italiano que indica que es el primer estrato que se coloca en una obra. La imprimatura, que se puede emplear como fondo de la obra es habitualmente blanca y entre sus componentes se suelen encontrar el carbonato cálcico, blanco de zinc o de titanio, blanco de plomo en obras antiguas, algún aceite y cola animal. Así es, uno de los adhesivos más empleados históricamente en la elaboración de cuadros es la cola obtenida de peces, conejos y otros animales, que aún hoy se sigue empleando, especialmente en procesos de restauración. La cola de conejo es especialmente adecuada para labores artísticas gracias a su flexibilidad. El componente que otorga el poder adhesivo a este producto no es otra cosa que el colágeno, que, siguiendo con la etimología, está formado por la raíz griega kólla, de obvio significado. El colágeno se encarga de mantener unidos los diferentes órganos del cuerpo y es la principal proteína del tejido conjuntivo. Las proteínas son unos polímeros naturales formados por “piezas” más simples llamadas aminoácidos que se unen en una determinada secuencia. En el caso del colágeno de cada tres aminoácidos uno es la glicina (el aminoácido más pequeño), siendo los otros dos habitualmente prolina e hidroxiprolina. Gracias a esta configuración las cadenas de aminoácidos se unen formando una triple hélice que otorga al colágeno su característica forma y propiedades. Aunque el colágeno no es soluble en agua, puede extraerse cociendo la piel, tendones y otras partes del animal ricas en esta proteína gracias a un proceso de desnaturalización. Después, el extracto puede solidificarse y volverse a disolver en agua calentada al baño maría para su uso como adhesivo. Así, en el mercado se puede encontrar la cola de conejo en forma de perlas, pastillas o placas. Por cierto, la gelatina animal que aparecía en el apartado anterior no es más que el ingrediente activo de la cola animal en estado puro, es decir, colágeno que se ha desnaturalizado completamente.

De izquierda a derecha estructura de la triple hélice de colágeno, goma de conejo en formato comercial y goma de conejo disuelta y lista para ser usada.
Hay que decir que el colágeno no es la única proteína que se puede emplear como adhesivo, la caseína y la albúmina también sirven de base para colas y se obtienen de la leche y de la sangre, respectivamente. Todos son productos muy naturales como podemos ver.
Es posible lograr colas de origen vegetal como la cola de almidón, las colas a bases de dextrinas, el agar-agar o la goma arábiga, que gracias a su composición de polisacáridos tienen poder adhesivo, aunque en general menor que las de origen animal. Este hecho, unido a otros inconvenientes, hace que sean principalmente usadas como adhesivos para papel o materiales similares. Otro tipo de compuesto de origen vegetal empleado como pegamento son las resinas, aunque su principal uso es a modo de barniz. En cualquier caso, gracias a los avances de la química sintética, la industria de los adhesivos ha ido progresando desde los años 20 del siglo pasado y ofrece adhesivos sintéticos poliméricos como colas vinílicas o acrílicas, que pueden reemplazar a las colas animales.


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