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sábado, 18 de junio de 2016

Temple

Una molécula de la familia de las lecitinas (una fosfatidilcolina)
y la representación gráfica de como envuelven una gota de grasa.
Esta técnica se basa en el uso de emulsiones: mezclas de líquidos que en principio no son miscibles pero que, gracias a la formación de pequeñas gotitas, forman una mezcla de apariencia homogénea. Esta clase de mezclas abundan en el día a día, por ejemplo, la leche es una emulsión en la que hay gotas de grasa dispersas en un medio acuoso, lo que pasa es que son tan pequeñas que no las podemos apreciar. Bien sabemos que en condiciones normales las grasas y el agua no son miscibles, si no, tan solo tenéis que acercaros a la cocina y juntar agua con aceite. Entonces, ¿por qué la grasa y la parte acuosa de la leche no están separadas? La respuesta está en los emulsionantes, unas moléculas un tanto particulares que permiten mezclar substancias que se repelen. Sin movernos de la cocina encontramos un perfecto ejemplo de este tipo de mezclas: la mayonesa. Para realizar esta salsa se mezclan huevo, aceite y vinagre o limón, componentes que en teoría son inmiscibles. Pero sucede que la yema del huevo contiene emulsionantes, unas moléculas denominadas anfipáticas que tienen un extremo al que le atrae el agua (hidrófilo) y otro al que le atrae la grasa (lipófilo). Estos compuestos, principalmente algunas proteínas pero sobre todo unas grasas denominadas lecitinas, contactan con las moléculas de aceite gracias su parte lipófila mientras que el extremo hidrófilo está expuesto a la fase acuosa.
Decíamos que la pintura al temple es una emulsión y, precisamente, la más empleada en la historia del arte se basa en el uso de la yema de huevo: el temple al huevo. El proceso para elaborar la pintura consiste en separar la yema de la clara y, tras pinchar la membrana, mezclar el líquido obtenido con agua hasta lograr la emulsión. Esta emulsión se mezcla con el pigmento y ya está lista para ser aplicada. Hay variaciones en las que también se añaden aceites, lo que se conoce como temple graso.
Pese a que el huevo, gracias a la lecitina, haya sido el emulsionante más empleado, no es la única alternativa. Mismamente, la leche que ya hemos mencionado es una fuente de emulsionantes natural. Este líquido, además de agua y grasa, contiene caseína, una proteína que se puede aislar añadiéndole a la leche limón o vinagre. El sólido resultante se puede mezclar con agua y pigmentos y usarse como pintura. Posiblemente la obra al temple más conocida sea El nacimiento de Venus de Sandro Boticelli.

El nacimiento de Venus (172×279 cm) de Sandro Botticelli (ca. 1486) es un temple sobre lienzo
No solo hay emulsionantes de origen animal, las gomas vegetales también pueden cumplir este rol. Éstas son polisacáridos (polímeros formados por varios azúcares) solubles en agua que se extraen de ciertas plantas. La goma más importante es, sin lugar a dudas, la goma arábiga.

La goma arábiga se obtiene de la secreción de acacias de diferentes familias y aunque su nombre se debe a que originariamente se obtenía en la península homónima hoy en día la gran mayoría se produce en Sudán y el cinturón del Sahel. Esta substancia se puede encontrar en multitud de productos que nos rodean: alimentos (E-414), cosméticos, fármacos, pegamentos y por supuesto en pinturas. Y es que la goma arábiga es la clave de otra técnica pictórica: la acuarela. Seguro que os acordáis de aquellos estuches de plástico con pequeñas cuencas circulares que contenían un colorido sólido. Pues bien, no eran otra cosa que pigmentos aglutinados con una disolución acuosa de goma arábiga. Si bien es cierto que muchos de nosotros lo único que podíamos lograr con ellas era una mezcla que acababa inevitablemente con un desagradable color marrón, hay acuarelas que son verdaderas obras de arte, como las del pintor inglés William Turner. Otra técnica estrechamente ligada a la acuarela es el gouache (lo que en castellano se conoce como témpera) que se trata de una especie de acuarela con mayor cantidad de aglutinante y algún opacificante. Así, mientras la acuarela deja una mancha en el papel y destacan las transparencias el gouache forma una película opaca.

A la izquierda San Giorgio Maggiore a la madrugada (22x29cm), acuarela de William Turner (1819). A la derecha Jane Avril bailando (99x71cm), gouache de Toulouse-Lautrec (1893).
Si queremos hacer que una acuarela sea más fluida hay que emplear un agente humectante o tensoactivo para reducir la tensión superficial del agua; entre ellos se encuentra la hiel de buey. Esta substancia que en realidad se obtiene de vacas, es rica en ácidos biliares que en los mamíferos hacen de emulsionantes naturales para la digestión de grasas. Para que os hagáis una idea, trabajarían como un jabón que captura gotitas de grasa permitiendo que éstas se puedan eliminar (algo parecido a lo que hemos visto con la mayonesa). Gracias a su particular estructura química también hacen que el agua “moje más” y de ahí que se empleen en acuarelas.


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